martes, 12 de febrero de 2013






EL MIEDO

                „Y no temáis a los que matan el cuerpo pero no pueden matar al alma; más bien temed a aquel que puede llevar a la perdición y el alma, y el cuerpo.” (Mateo 10:28)

            El miedo es un sentimiento oneroso del alma, que existe no solo en la gente, sino que y en los animales; un sentimiento puesto en el organismo vivo para realizar una cierta misión. El miedo sobreentiende que en el medio ambiente en el cual vivimos, o en las condiciones en las cuales existimos hay ciertos elementos contrarios o maléficos de nuestra vida. Este sentimiento sirve simplemente para guardarnos de todo lo que puede causarnos daño. ¿Cuándo, en qué tiempo ha aparecido el miedo en la gente? Según el precepto común, él se ha gestado con la caída. Antes el hombre no ha sabido qué cosa es el miedo. Y verdaderamente, el miedo tiene una manifestación doble: externa e interna. Cuando un niño comete por primera vez un error, inmediatamente el sentimiento de miedo aparece en su alma. ¿El alma de quién es silenciosa y pacífica cuando comete un pequeño error? Inmediatamente sobresale en ella este sentimiento de miedo. Entonces en el alma entran ciertos elementos que la amenazan. Supongo que tenéis casa, el suelo del cual está hecho de madera de pino; al instante nace en vosotros un miedo de que puede inflamarse y quemarse. Hay, entonces, un cierto elemento, que está puesto en vuestro suelo, substancias que pueden flamear e incendiarse, pueden percibir estas cualidades y que toda vuestra casa se queme. Como ha trabajado en el mundo orgánico por miles de años, este sentimiento ha hecho a la gente y a los animales esclavos del miedo. Sin embargo, el miedo tiene y un lado bueno: gracias a él se ha formado la vigilancia. A muchos animales las piernas se les han hecho largas en consecuencia del miedo. Un animal, que tiene piernas largas, siempre es cobarde. Esto podéis tomarlo como un hecho. Las piernas traseras del conejo son muy largas y las delanteras cortas; y si las piernas delanteras fueran largas, mucho más estarían beneficiándole en su correr.
           
            Ahora yo no voy a lanzarme a contar qué rol ha jugado el miedo en la historia de la evolución. La gente científica contemporánea dice que la religión ha provenido del miedo. Cristo se vuelve hacia Sus alumnos, puesto que sabe, que ellos se encuentran en esta categoría, que temen por su casa, por su cuerpo y les dice: “No teman de aquellos que pueden matar el cuerpo pero el alma no pueden dañar”. ¿Por qué? Si tenéis un cierto capital puesto en el banco y algún hombre os enciende la casa, no os vais a preocupar, porque os haréis una casa nueva y más bella. Entonces, mientras tenéis el capital de vuestra alma puesto en otro lugar, no hay por qué temer.

            Ahora, que tome esta segunda parte del versículo – de quién hay que temer. Teman de aquel que puede llevar a la perdición y el cuerpo, y el alma. Sobre la segunda parte del versículo han habido contiendas largas – quién es este segundo de quien debemos temer. Algunos dicen que aquel de quien debemos temer es el diablo. Yo os voy a decir que aquel, de quien debemos temer, es Dios, y esto en el sentido de guardarnos de no amargarle, y esto significa que seamos devotos. Si estuviera interpretando la Ley Divina de la vida, no os voy a decir de quién debéis temer y de quién no debéis temer, sino que os voy a decir cómo cumplir la Ley Divina. Esta es la forma negativa del miedo. Y la forma positiva viene cuando hemos cometido un error: el que cumple la voluntad de Dios no tiene por qué temer, pero aquel que no la cumple siempre tendrá miedo en su corazón y nunca estará tranquilo y libre. En el capítulo leído por mí, Cristo quiere asegurar a Sus alumnos que en el mundo hay ciertas Leyes que regulan la vida humana: “Incluso vuestros pelos de la cabeza – dice Él a Sus alumnos – están contados”. Ni un pelo puede caer porque sí. Si cumplimos la Ley Divina, estaré bajo el amparo de Dios, como los pajaritos. En los cristianos contemporáneos hay un precepto torcido acerca de nuestros comportamientos hacia Dios, hacia la religión, y en consecuencia de esto nacen y los muchos sufrimientos en el alma humana. Algunos, por ejemplo, consideran la religión ir, sin nada más, en una iglesia, encender una vela, persignarse, y piensan que después de hacer estas cosas, tienen una religión. Sin embargo, la religión es algo mucho más profundo. El contenido más profundo de la religión es que tengamos amor hacia Dios. Cuando tenemos esta Ley básica dentro de nosotros, estaremos listos de hacer miles de otras cosas para el Señor. ¿Pero cómo podemos manifestar amor hacia el Señor, cuando no Le vemos? Cristo dice: “Vuestro Padre está en el Cielo”. Volteo ojos y veo que Él no está, y me digo: Cuando salga de este cuerpo, iré a este lugar. Cristo se dirige hacia Sus alumnos y les dice: “No teman de aquellos que están en la Tierra y matan”. ¿Quiénes son aquellos que matan? Si leéis el primer versículo, veréis que a los espíritus impuros ha sido dado poder de matar, pero este poder no se extiende sobre la gente buena, sino sobre la mala. El cristiano contemporáneo dice: “Yo quiero ejercer poder sobre mis hermanos”. Veis que a los Apóstoles Cristo no les dio autoridad de ejercer potestad sobre la gente, sino sobre los espíritus malos. Cada uno de nosotros debe ejercer potestad sobre ellos. El que no comprende esta Ley Divina, siempre cometerá errores, tendrá emboscadas de estos espíritus, por aquí o por allá. La gente tiene diferentes métodos de echar amenazas contra los espíritus; pero los espíritus, de esto no temen. Ellos no tienen miedo de varas ni de palabras. Para que tengas potestad sobre un espíritu impuro, no debes tener sus debilidades. Si las tienes, puedes ser un científico, un filósofo, un ministro, tú serás su esclavo – ellos harán intrigas, reyes destronarán, todo pueden hacer. Si no tienes sus debilidades, tú eres su amo. Por eso exactamente Cristo ordenaba a los espíritus. Él era puro y cuando les dice: “¡Salgan!”, ellos respondían: “Escuchamos”. Aquellos que traen y curan las enfermedades, de nuevo son los espíritus malos. Diréis: “Extraño” ¿no? Tal es la Ley. Si tomáis dinero de algún hombre, tenéis que devolverlo ¿no? Si dañáis a un hombre, tenéis que pagar por su curación ¿no? El diablo hace las fechorías y llamáis al Señor para que os arregle los trabajos. El Señor coge al diablo y le dice: “Tú has estropeado la casa de este hombre, ve y arréglala”, y el diablo se esfuerza para arreglarla. Y luego de nuevo le dice: “Por favor, derrumba la casa de nuevo”. ¿Ahora, por qué el Señor no responde a vuestras oraciones? Voy a decir. Puesto que sois pecadores, cuando vienen estos trabajadores, vosotros no podéis controlarlos y ellos huyen. Debéis, cuando les envía el Señor, de tener autoridad, que les ordenéis – con un azote que estéis sobre ellos; porque cuando les soltéis, todos huirán y vuestra casa quedará no edificada. Nunca debéis tener las debilidades que estos espíritus tienen. Algunos dicen: “No podemos sin debilidades”. Si no podéis os van a mortificar, os van a tomar el cuerpo, el dinero, os van a encerrar, – no hay otro camino de salida. Ahora, Cristo viene y dice: “Os voy a decir de quién debéis temer”. Él dice: “No trasgredan la Ley Divina”. La segunda parte de esta interpretación sobreentiende el cumplimiento de la Ley Divina, para que vuestros cuerpos y almas sean libres.

            Cada uno de nosotros tiene que hacer un poco de revisión en su corazón y en su mente, que vea qué debilidades hay en ellos. Si os gusta mentir, todos los espíritus de la mentira están alrededor de vosotros, ellos están de visita en vosotros, vosotros les atraéis. Si os gusta gozar del mal del otro, todos los espíritus que gozan del mal del otro, también así están alrededor de vosotros. Y si fuerais clarividentes, hubierais visto que en vuestras casas hay hordas enteras de ellos, que solo comen y beben. Si odiáis, todos los espíritus del odio comen y beben a vuestra cuenta. He aquí por qué se muere la gente. Cuando vienen y se quedan 1-2 días en vosotros, vosotros empezaréis, por supuesto, a quejarse: “Aquí me duele la cabeza, me duelen las manos, las piernas, el estómago, el corazón, los pulmones”. ¿Cómo no os va a doler? Estos espíritus malignos extraen zumos de vosotros y empiezan a nublar vuestros ojos, empezáis a cegarse, a ensordecer, vuestras piernas y manos también empiezan a enfermarse, y un día os arrebatan y os llevan a la tumba. Y cuando vayáis al Señor con ropas rotas, Él os preguntará: “¿Eh, hijo, comiste todo lo que te di?” – “Padre, perdona, hemos comido, hemos bebido, hemos adulterado; no vamos a hacer esta cosa por delante”. Y puesto que Dios es benévolo, dice: “Basta que aprendáis la lección, os voy a acreditar de nuevo”. Y por eso Cristo dice: “Os voy a decir de quién debéis temer”. Este temor, este miedo es la prudencia. Cuando en el hombre se juntan el sentimiento negativo con el positivo, el sentimiento de precaución y la capacidad de razonar, entonces en él nace la prudencia. El miedo es el elemento negativo de la prudencia. Por lo tanto Cristo quiere decir: “No separen estos dos elementos uno de otro, porque cuando los separáis, o sea, cuando separáis vuestra razón del sentimiento de miedo, de manera que no se controlen, sin más perderéis y el cuerpo y vuestra alma”. ¿El infierno qué significa? Veréis que él consiste en aquellas condiciones limitadas de desarrollo, donde pasaréis una vida de sufrimientos y en vosotros quedará solo una consciencia desnuda. ¿Y sabéis cómo es la situación de un hombre que ha muerto? Un día experimentaréis un poco más tangiblemente este sentimiento. Cuando el muerto se vuelve solo huesos, su alma da vueltas alrededor de estos huesos y dice: “¡Cuán bellos eran ellos!”, y llora: “Esta riqueza se me quedó; se fue el estuco”. Los ladrillos y los azulejos están ahí, y después de un tiempo estos huesos de nuevo van a restaurar su templo primordial, y por eso el Señor pregunta al profeta: “¿Hijo de hombre, estos huesos pueden vivificarse?” El profeta responde: “¡Tú sabes, Señor!” El Señor dice: “Profetiza entonces para el Espíritu que venga y que los vivifique”. Una vez Edison hizo una pequeña broma con algunos amigos suyos: hizo que dos esqueletos se muevan automáticamente, conectó sus piernas y sus brazos con alambres, puso gramófonos en sus manos y bombillas eléctricas en sus ojos. Y entonces estos dos autómatas empezaron a hablar: “Hace tiempo nosotros éramos como vosotros – comíamos y bebíamos; ¡vean cómo somos ahora!” Todos se asustaron y se echaron a correr. Largo tiempo Edison tendría que asegurarles que esto fue solo una broma hecha por él. En la manera de vivir anormal del presente cada hombre se encontrará en un esqueleto, incapaz para trabajar, para pensar, para actuar. Y por eso Cristo se vuelve hacia Sus alumnos y les dice: “No teman”. Para que podamos regular este sentimiento – el miedo –, tenemos que basarnos completamente en la Ley Divina, en la consciencia en vosotros, que estemos conectados con Dios. En nosotros alguna vez nace un pensamiento: “Queremos ver al Señor, queremos ver a Jesucristo”. Cada día Le veis. Cuando aparece en vosotros este sentimiento de Amor, de caridad. Él está ahí y vosotros Le sentís; solo tenéis que abrir vuestros ojos espirituales para verle; vosotros veis ahora el lado externo de las cosas, pero el esencial no lo veis. Cada día, cada uno de vosotros está en contacto con el Señor, cuando sufrís y amáis. Cuando el hombre sufre y está en la situación de un enfermo, el Señor le cura, y como le venda las heridas causa ciertos dolores, y el enfermo se queja. El Señor explica las causas de estos sufrimientos:
– Puesto que no cumpliste Mis Leyes, sufres, pero sé paciente, te voy a sanar.
– Pero estos dolores son insoportables.
– Sí, pero cuando te decía que no trasgredieras la Ley, tú no escuchabas.
– Pero es necesario largo tiempo.
– Aprenderás.

            Desde aquí por delante tenéis que hacer una prueba – esto lo han hecho los cristianos antiguos – que podáis salir fuera de vuestro cuerpo. Vuestra mente habla: “Será glorioso que salga”. Glorioso, pero debes tener conocimientos. Primero, tienes que liberarte de todas las debilidades de estos espíritus que te rodean y cuando salgas, les dirás: “Nadie se va a acercar a mi cuerpo, porque si no, habrá azotes”. Pero si los espíritus saben que tienes debilidades, cuando partes y dejas tu cuerpo, ellos lo robarán. Por eso la gente contemporánea está fuertemente atada por el Señor con su cuerpo físico, puesto que si salen del cuerpo, será peor para ellos – se va a detener su evolución. Cristo se vuelve hacia Sus alumnos, que quieren seguirle, para que comprendan estos secretos del Reino de Dios. Y pienso, que el método para una vida larga está aquí. Ahora os voy a referir un hecho. Tomen a gente que sufre y se irrita, que pasa su vida por muchas tormentas. Su vida es de corta duración; aquellos, pues, que están tranquilos, como dicen, gente “dispuesta”, que no se irrita, que no se tortura, ellos tienen una vida larga. Y por eso Herbert Spencer dice en algún lugar: “Cuando las fuerzas externas de la Naturaleza se equilibren con los procesos internos del organismo humano, nosotros tendremos vida eterna en el mundo físico”. ¿Cuáles son estas fuerzas externas? Ellas son estos elementos nocivos. Cuando nos equilibramos, cuando llegamos a comprender qué deseamos, qué queremos, y sabemos cómo reaccionar contra los elementos nocivos, y subordinarles, podremos vivir en la Tierra el tiempo que queramos – 100, 500, 1000 años, y vamos a poder partir de nuevo cuando queramos – de nosotros depende. Después de vivir unos cuantos miles de años, diremos: “Nos hemos saciado de vivir y ahora queremos partir en un paseo largo para el otro mundo”. Entonces nos acompañarán nuestros parientes y amigos, así como se despiden ahora de nosotros durante la partida del tren. Esto será una partida. Nosotros seremos libres, sacaremos un billete y partiremos, y nuestros amigos no andarán en pos de nosotros diciendo: “El pobre hombre, la muerte le segó”. – “No, – diremos – yo me voy a hacer un paseo, voy a visitar mi hogar paterno, un día de nuevo puedo regresar”. Y ellos nos desearán un buen viaje. El Cristianismo es una tal ciencia que debe preparar este viaje, en el cual tenéis que caminar un camino largo. Que no penséis que el lugar donde vais está muy cerca; él está muy cerca, pero y muy lejos. “Cerca” y “lejos”, son cosas relativas. Si vosotros os movéis con una rapidez media, necesitaréis 250 años para ir al Sol; pero si os movéis con la velocidad de la luz solar, iréis en 8-9 minutos. Para 9 minutos no podéis ir de aquí al jardín de Boris. A mí me hacen falta, desde aquí al jardín de Boris, 20 minutos de tiempo para llegar, pero la luz solar en 9 minutos recorre de 92 a 93 millones de millas. Cuando hablamos de espacio, lo sobreentendemos con respecto a la velocidad con la cual nos movemos. Si hubiéramos partido para la estrella más cercana, Alfa Centauro, ¿sabéis cuántos años hubiéramos necesitado? 34 millones de años con tren, y con la rapidez de la luz – 3 años. Si decidís llegar con la velocidad de la luz al Universo más cercano, con el cual está conectado nuestro Universo, se necesitan 90 millones de años. Así que depende dónde vais. Si vais al Sol y os movéis con la rapidez de un tren, y os preguntan vuestros amigos después de cuántos años regresaréis, diréis: “250 años para la ida y 250 años para la vuelta – 500 años, y 250 años que viviremos ahí, entonces después de 750 años regresaremos de nuevo”. Si le preguntáis a uno que va a Alfa Centauro, después de cuántos años regresará, os dirá: “34 millones de años para ir, 34 millones de años para volver y tantos años de estancia allí, entonces regresaré después de 100 millones de años”.

            Estos son pensamientos filosóficos abstractos, dignos solo para mentes angelicales; vosotros no podéis percibir qué es este espacio – 34 millones de años; necesitáis una mente angelical para que percibáis la grandeza de Dios en este pensamiento. Y Cristo se vuelve hacia Sus alumnos, dice: “No temáis”; dirige los ojos hacia arriba y añade: “No teman por estas casas pequeñas que tenéis, no os torturéis por estos trabajos pequeños, porque vuestro Padre os ha determinado trabajos grandes”. Mirad que guardéis vuestra alma pura y luminosa; si la tenéis por capital, podéis viajar a través de estos espacios. Un día, cuando partáis al Cielo, no vais a tomar vuestro cuerpo – partiréis con vuestra alma; el cuerpo lo dejaréis en la Tierra, porque de aquí ha sido tomado. Él es un carro hecho temporalmente por elementos de la Tierra y mientras estáis en el reino de estos 4 elementos de la Tierra, estaréis en este carro; cuando lleguéis a un lugar montañoso, donde tendréis que caminar por un sendero de cabras, dejaréis el carro y caminaréis a pie. Por eso Cristo dice: “No temáis; cuando venga el sendero montañoso, que no perdáis vuestra alma y detengáis vuestra evolución”.

            Vosotros queréis llegar a ser amos; no os hagáis amos de vuestros hermanos. El crimen más grande de la gente contemporánea es que quieren ejercer autoridad unos sobre otros. No debéis ordenar a la gente: a los espíritus malos podéis y debéis ordenar. A un espíritu malo quiero que le gobernéis, que le enseñéis, pero a la gente no quiero que le ordenéis. Esto dice Cristo. Vosotros a veces queréis saber quién era más grande y quién más pequeño, quién era más viejo y quién más pequeño. ¿Pero si eres más grande o más pequeño, más viejo o más joven, qué importa esto? Puede ser que el Señor te ha hecho más temprano o más tarde. ¿Qué el hombre estaba en la cola o en la cabeza, qué importa esto? Un día el Señor te pondrá en la cola, otra vez en la cabeza, un día en la columna, otro día en las piernas – indiferente; estas cosas no son esenciales. La fuerza está ahí, que te sientas amo de los espíritus malos, que les digas que te escuchen, que hagan esto o aquello. “Quiero asustar a mi mujer, pegándole”. Bien, hoy pegas, mañana pegas, pero ella huirá y tú irás para rogarle. La fuerza del hombre está dentro de él, ahí él tiene que voltear su atención. Cada uno de vosotros tiene que ocuparse de controlar estos espíritus. Sé que muchos van a Cristo para que les ayude. ¿Cómo les va a ayudar? Él les ata y ellos les desatan. A tal gente no se puede ayudar. ¿Se va a ocupar Cristo con vosotros, de vuestras zorras y lobos? Pónganles a trabajar. Este pensamiento es, a lo mejor, un poco en forma alegórica, pero yo os lo doy como una regla. No podéis llegar a ser amo de vuestra vida, hasta que no aprendáis a gobernar estos espíritus.
       
            Siete pasos hay por los cuales debéis andar antes de que podáis ejercer autoridad sobre los espíritus malos. Los espíritus impuros tienen miedo de la luz. La primera cosa que debéis hacer es – que os volteáis hacia Dios. ¿Y qué es voltear? Vosotros ahora estáis volteados hacia Dios con la espalda; en vuestro mundo hay obscuridad; den “media vuelta” y voltéense con vuestro rostro hacia el Señor. Sin voltearse hacia Él no se puede. ¿Cuándo queréis sacudir una ropa del polvo, cómo la volteáis? Por lo tanto, tomaréis vuestro corazón y vuestra mente y las sacudiréis de su polvo desde dentro. Voltearse tiene un sentido doble – voltearse hacia el Sol y voltear la ropa desde el interior, para que se sacuda el polvo.
    
            La segunda cosa necesaria es el arrepentimiento – hacer un chequeo, liquidar la cuenta. Pones un anuncio sobre la empresa: “Yo paro todos los pagos, ni doy, ni tomo – un balance anual estoy haciendo”. Haces un balance, cuentas: tanto tienes que tomar, tanto tienes que dar, por fin te quedan 10, 000 de deuda; no queda otra cosa sino ir a tus acreedores y rogarles – esto es arrepentimiento. Sacas las agendas: “Amigos, yo soy un hombre honesto, no sé cómo, pero perdí 10, 000 levas, me perdonaréis, me disculparéis, vais a acreditarme un poco más”. Si no oras, te encerrarán. Cuando revisen tu cuenta y estén convencidos de que eres honesto, dirán: “Nosotros hemos tenido tratos contigo, te perdonaremos, vamos a acreditarte de nuevo”.

            Perdón y salvación son dos cosas relacionadas. Esto, que llamamos salvación en el Cristianismo, ocurre después de que hemos pasado los dos períodos de volteo y arrepentimiento hacia Cristo. Él dice: “Te doy un crédito nuevo y te envío de nuevo al mundo para trabajar”. De nuevo abres la empresa: Fulano de nuevo empieza a funcionar, da y toma.

            El cuarto paso es el renacimiento. El renacimiento voy a explicarlo con otro proceso de la agricultura. Un agricultor tiene un jardín, lo estropea y vuelve a sembrarlo de nuevo; cuando comienzan a brotar los manzanos nuevos, esto es renacimiento; en él hay esperanza en que el jardín nuevo otra vez le dará fruto. Y en el Cristianismo, después de que pase este proceso, ocurre en nosotros un renacimiento – lo nuevo ha empezado a brotar hacia arriba. El renacimiento es un proceso de florecimiento y atar fruto. Hay arrepentimiento, perdón, salvación, renacimiento y nacimiento nuevo – el quinto. En el nacimiento nuevo el hombre se libera de la ley kármica de las causas y las consecuencias; vosotros entonces sois ciudadanos libres, amos, nadie puede ejercer autoridad sobre vosotros. Solo en este quinto paso podéis ejercer autoridad sobre los espíritus malos; solo cuando estáis en el lugar de Cristo podéis ordenar a estos espíritus. Entonces seréis alumnos de Cristo. Y esto es una cosa alta. Él dio a Sus alumnos autoridad sobre los espíritus malos y les envío a sanar y resucitar a la gente. ¿Cómo puede darse esta autoridad, cuando el hombre apenas se ha volteado y todavía no ha revisado su cuenta? Todavía no le han perdonado, todavía no ha renacido ¡y él quiere gobernar el mundo! No puede. Queréis ordenar a los espíritus malos. No se puede. Debéis pasar por estos cuatro pasos y entonces seréis amos plenos de vuestra situación. Ahora vosotros estáis sentados y reflexionáis, pero de nuevo teméis dentro de sí, si tenéis esta virtud o no. Hay dos extremos en el Cristianismo: algunos se muestran más humildes de lo que son en realidad, otros pues, se sienten más pecadores de lo que son en realidad. Y lo primero es un extremo, y lo otro. Digan lo recto: “Yo tengo en la caja 10, 000 levas”, y no cuando tienes 10, 000, que digas 5, 000 – mientes. Tienes 10, 000, pero dices 15, 000 – mientes. Si tienes 10, 000 levas, ponlos en la cuenta 10, 000 – ni más arriba, ni más abajo. Tenemos que hablar siempre la verdad como la sabemos en nosotros. Tenemos que hablar claramente, categóricamente, positivamente, entonces nuestros comportamientos externos hacia la gente serán buenos. ¿Por qué? Puesto que estos espíritus, que os dirigen, viven en el Cielo; cuando arregléis vuestras cuentas con vuestro espíritu, él las va a arreglar con los demás espíritus y ellos no pueden odiarles. Ellos pueden decir: “Yo te mataré”, les responderéis tranquilamente: “No puedes, porque tú estás atado”. Alguien dice: “Haré esto”. – “No puedes, venga, pruébalo”. Un día a mí me dice uno: “Si saco el revólver, verás”. – Venga, sácalo. ¿Y si se queda en el aire así pegado en tu mano? – “Pero sacaré un cuchillo”. – Venga, sácalo: ¿has sacado cuchillo, para que veas qué cosa es? No se saca así. Debe haber permiso para esto desde arriba. Si desde arriba quieren probarte si eres duro, si tienes paciencia y auto-negación, pueden someterte a diferentes pruebas y tú debes aguantarlas; pero si no hay desde arriba permiso, todo el mundo se puede levantar pero solo dará vueltas alrededor de ti. Un inglés apuesta 4, 000 liras con otro que tenía 40 perros de raza bulldog y quien decía: “Más terribles que mis perros no hay, no puedes acercarte a ellos”. El primer inglés apuesta y traza un círculo alrededor de sí, y el otro soltó los perros sobre él, pero ellos daban vueltas alrededor del círculo y no podían pasar. Por fin aquel inglés silbó de una manera específica y los perros se echaron a correr entre la gente. ¿Con qué les ha asustado? Tenía una cierta fuerza en sí. Con un rifle no les ha echado, con una vara tampoco. Él tenía una cierta fuerza, la cual utilizó, por eso ellos huyeron. Pregunto: ¿Vuestra fuerza dónde está? Algún día un espíritu malo puede decir: “Cuando suelte mis perros”. – “Suéltalos; haré un círculo y cuando silbe, como humo desaparecerán”. La fuerza está en este silbido Divino y aquel que lo tiene él siempre es libre y poderoso.

            Así que tenéis ahora el método de cómo ejercer autoridad sobre los espíritus malos, que no tengáis sus debilidades. Si teméis, todos los espíritus del miedo estarán alrededor de vosotros. Por eso, echen todas estas debilidades de sí. “Pero – decís – esta cosa no voy a hacer, no voy a fumar tabaco”, y de nuevo, al día siguiente, lo fumáis. Háganlo, sin decirlo. “He decidido sembrar”, pero no has sembrado nada todavía. Siembra y entonces llama a tus amigos y diles: “Vengan amigos, que veáis lo que he hecho”. Ellos se alegrarán. Decís: “Yo he decidido ser bueno, vengan para que veáis cuál será mi plan, esto haré, aquello haré”. Nada vas a hacer. Yo he visto millones de planes – el infierno entero constantemente de planes está lleno. Pensáis hacer algo, no hablen nada; solo digan: “Señor, ven a mi ayuda”. Y cuando vuestro jardín haya crecido y dado frutos, llamad a todos vuestros amigos y decidles: “Coman, beban y gocen”. Entonces el Señor os bendecirá. Esto es el Cristianismo. Y cuando Cristo os dice: “No teman de aquellos que matan el cuerpo, sino de aquellos que matan el espíritu”, Él quiere decir que esto, lo que ellos toman, puede tomarse – como dice el refrán – y en la Pascua de Resurrección. El periodo determinado un día se agotará y se os va a tomar. Tú eres un inquilino, te quitarán el carro y tú dirás: “Me echaron de la casa”. ¿Por qué no echarte? Agradece que hayan tenido la bondad de esperarte tantos años. Los espíritus son amos de estos elementos que tenéis en la Tierra; estos son suyos. Por eso dice la Escritura que en este mundo somos “forasteros”, que esta Tierra, en la cual vivimos, no es nuestra. El Señor nos ha enviado para conquistarla a fuerza. Y vosotros queréis conquistarla, que seáis amos, pero esperen, que antes lleguéis a ejercer autoridad sobre los espíritus, y entonces sobre los elementos externos, porque cada elemento tiene su amo. Vosotros no podéis ser amos del agua, si no llegáis a ejercer autoridad sobre los espíritus del agua; no podéis ser amos del aire, hasta que no lleguéis a ejercer autoridad sobre los espíritus del aire; ni podéis ser amos del fuego, hasta que no lleguéis a ejercer autoridad sobre los espíritus del fuego, etc. Por lo tanto Cristo nos da una ley por la cual debemos actuar: la primera cosa es que seamos puros y entonces que nos volteemos hacia Él. Ahora, puesto que Cristo viene a este mundo, ¿cómo os va a encontrar? Por supuesto, a algunos les encontrará ricos, a otros – pobres. Está dicho: “Y sobre esta base por encima, si alguien edifica con oro, plata, piedras preciosas, leños, heno, paja, el trabajo de cada uno saldrá a la luz; porque el día lo mostrará; puesto que con fuego no se descubre, y el fuego probará cómo es el trabajo de cada uno: Si el trabajo de aquel que ha edificado perdura, él tomará el salario; y aquel cuyo trabajo se quemará, se verá perjudicado, pero él mismo se va a rescatar, pero así, como por fuego”. Y cada hombre que no guarda la castidad y no tiene en sí miedo del Señor, “A tal hombre otorguémosle a Satanás para perdición de la carne, para que se salve el espíritu en el día del Señor Jesús”. Si vosotros habéis adquirido experiencia de tantos millones de años, habéis sufrido, habéis mantenido altamente la bandera de la Verdad, no os habéis asustado de aquellos que matan el cuerpo, y os habéis sacrificado para el triunfo de la Justicia, para el triunfo del Reino de Dios, el Señor os levantará de nuevo, Él os resucitará. Y por esto dice Cristo: “No teman de aquellos que matan el cuerpo”: si matan vuestro cuerpo, vuestra alma quedará libre, y esto es lo que tiene valor en la vida. Cualquier otro camino que os desvía de la Verdad, es pernicioso y para vuestro cuerpo, y para vuestra alma. Porque los cobardes, los pusilánimes no heredarán el Reino de Dios. En la obra recta del Señor, en la obra recta de la humanidad, en la obra recta del pueblo, en la obra recta de la sociedad, en la obra recta del hogar, en la obra recta del alma individual no debe haber ni miedo, ni temeridad, ni vacilación, ni pusilanimidad, ni retroceso del Gran Inicio de la Vida. Lo recto es recto siempre. Amor y miedo son cosas incompatibles en el espíritu humano, en el espíritu del hombre verdadero. Ahí donde está el Amor, el miedo no está; y ahí donde está el miedo, el Amor no está. El Amor es una señal de plenitud, de unidad en todas las fuerzas, sentimientos y capacidades del espíritu humano; y el miedo es una señal de ausencia, una desunión de esta armonía interna de la paz del alma.

            Con estas últimas palabras yo sobreentiendo lo alto, lo noble, lo bueno en el hombre. No sobreentiendo aquella insolencia, aquella grosería, aquella crueldad del corazón, aquella insensibilidad, que frecuentemente pasan por valentía e intrepidez. El ideal del heroísmo está en esto – cuando te pongan al pilar de la deshonra por la obra recta, que puedas con generosidad aguantar todos los sufrimientos, el oprobio, todas las blasfemias y todas las alegrías maliciosas e inculpaciones de los que te rodean, aunque fuera y del mundo entero, y que digas a tu Madre: “Por Ti, Quién me has dado a luz en este mundo de Dios, yo sacrifico todo. En Tú Amor yo encuentro mi último apoyo de mi alma. El miedo del mundo, de aquellos que matan mi cuerpo, ha vivido su siglo. Yo no temo, porque Te conozco. Si me vas a dar muerte o vida, igualmente con gratitud las voy a aceptar. Contigo y en la muerte hay sentido; sin Ti y en la vida no hay meta. En la muerte o en la vida, sé Tú siempre la Corona luminosa para mi espíritu”.

Conferencia dada el 19 de Octubre del año 1914.  

“QUE HAYA LUZ, PAZ Y AMOR, EN TODA LA TIERRA Y EN MI CORAZÓN”

“NO MALDIGAS LAS TINIEBLAS, SOLO ENCIENDE LA LUZ”

-ESPACIO DE LUZ – VOCES CÓSMICAS, Mensajes del cielo-

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